MADE IN JAPAN
Una introducción acerca de los contenidos televisivos exportables de la televisión japonesa
Por Federico Lisica

¿Recuerdan el capítulo en el que los Simpsons (acaso la familia más famosa del catodismo universal) visitaban Japón? Allí, en un show televisivo, Homero y Cía, nadaban en un volcán con “ácido de naranja y wasabi”. Más allá del imaginario disparatado y exótico que suelen presentar los oriundos de Springfield[1], la imagen de la TV japonesa, fuera de la isla, anuda desde hace un tiempo entretenimiento a lo inimaginable. Y la TV por cable estadounidense ya tomó cartas en el asunto. Sea con la compra de enlatados o formatos ( adaptándolos para su propio público), se ha desarrollado un aceitado “ida y vuelta” en donde la mirada sobre “lo otro” da pie a buenos dividendos para ambas partes. 

“Puedo decir que la TV es el pasatiempo preferido en nuestro país, está profundamente integrado a nuestra vida cotidiana”, palabras de Akiko Tanaka, ejecutivo del Departamento Internacional de Fuji TV, uno de los canales más exitosos de la isla, que junto a NHK y NTV, entre otros, se disputan la friolera de 120 millones de los teleadictos diarios[2]. Según Tanaka, su programación es similar a la de cualquier otro rincón del planeta[3], la diferencia está en darle a los contenidos un barniz distintivo, típicamente japonés. En este sentido, es ejemplificadora la publicidad televisiva. Tanto en su estilo narrativo como su factura técnica (de gran despliegue visual e iconografías permanentes), los comerciales allí emitidos responden a una modalidad “sui generis”, de fuerte arraigo en Japón[4].

DE LA ISLA AL MUNDO
Además de informativos, programas deportivos y otros de alto tinte cultural, la grilla se completa con novelas, conocidas como “Doramas” (muchas de ellas actuadas por figuras del j-pop musical), “Jidaigeki” (ficciones históricas con guerreros y geishas), los infatigables animés y shows de entretenimientos.

Los primeros animé de éxito internacional fueron, sucesivamente, Astroboy y Speed Racer. Recién en la década del ’80, el animé pasa a ser considerado parte del mainstream mediático japonés cuando se produce un boom de la producción y venta de enlatados a Europa y Estados Unidos. En los ’90 el fenómeno alcanza picos inéditos con series como Dragon Ball Z o Pokemón ( series en las que el merchandising pasa a ser la consecuencia buscada).

Parte del suceso deriva, además, de la diversificación propia del animé. Mientras que algunos de esos productos están dirigidos 100 % al público infantil, otros (como el film Akira, la serie Evangelion, o todo el género erótico “hentai”) están pensados netamente para el público adulto.

Y si el primer desembarco japonés en Occidente fue a través de cartoons con obsesiones atómicas recurrentes, hoy los programas de juegos son los que despiertan mayor adicción. Según Tanaka: “Estos programas poseen la singularidad de apuntar a un público muy diverso en edad y clase social, son multi target, de allí su éxito”·.

La génesis fue a principio de los ‘90 con “Fūun! Takeshi Jō”, el show de Takeshi “Beat” Kitano, conocido en España con el sugestivo nombre de “Humor amarillo”. El aclamado cineasta reinaba en un castillo rebosante de prendas al estilo “Supermatch” (rebosante en golpes y fracturas en cámara). El furor en Estados Unidos  explotó con “Japanarama”, una colección de tres videos con imágenes emitidas al aire, un catálogo perfecto de humor bizarro y procaz (concursos de flatos, catapultas humanas, empresarios borrachos en concursos de karaoké).

No es sólo una cuestión de adaptación del paladar occidental a la avanzada temática japonesa, lo que el “boom” no dice, es que la mayoría de esos programas llegan al mercado occidental –con algunos años de retraso de su emisión en Japón- simplemente por una cuestión de abaratamiento de los enlatados. Tanto en estos programas de estudio, como en el animé, suele venderse el programa antes que la idea original -para ser producida en el país que adquiere la licencia-. Los casos de “Fountain of Trivia”[5] y “Iron Chef” ilustran esta modalidad. En ambos casos se hace hincapié en esa mirada exaltada y graciosa sobre “lo otro”, con doblajes que resaltan la diferencias culturales. El suceso de “Iron Chef” (hoy por hoy se emite en más de 14 países) abrió la puerta a la compra de la idea original y actualmente por el Food Network (www.foodtv.com) puede verse una remozada versión de ese programa, titulado “Iron chef America”. “Viking” (atletas sobrellevando obstáculos en un domo), una idea original de Fuji TV, sigue la senda abierta por “Iron Chef”, y se emite por Espn 2.

Para Jordi Jané, un catalán residente en Tokio, y que posee un site especializado sobre la TV de ese país (www.japangaijin.com), existe una explicación:  “Lo más destacable dentro de la televisión de entretenimiento es su improvisación preparada y el sentido del ridículo. Los programas emitidos al aire se graban con 15 días de antelación. Pero igualmente parecen en vivo. Aquí da gracia hacerse el tonto. Se busca constantemente la vergüenza ajena. Y este tipo de humor freak siempre va a encontrar adeptos”.

Debe resaltarse que los programas más vendidos hacia el mercado asiático son los pertenecientes a los géneros “doramas” y “jidaigeki”, mientras que hacia los países occidentales priman los programas catalogados como “trash TV”, que han despertado –como en otros confines-fuertes críticas. Las acusaciones de sexismo, explotación y “entretenimiento basura” están a la orden del día dentro del periodismo que analiza la televisión japonesa. La mayor polémica la desató “Kamingu Dauto” (¿Alguna duda?) perteneciente a NTV. El formato es similar a “Mentime que me gusta”, ese programa que condujo hace algún tiempo Ronnie Arias.  Los “tarento” (mediáticos japoneses) cuentan sus secretos mejor guardados, y un panel debe averiguar si dicen la verdad. Una tal Abiru Yu relató su participación en un asalto con destrucción del negocio y toma de rehenes incluida. Al comprobarse que la historia era real, la cadena tomó la decisión de borrarla de la pantalla. Algo habitual cuando una celebridad se pasa de la raya. Y el show, pese a que la policía lleva a cabo una investigación sobre las personalidades que cuentan  escabrosas historias (o justamente por eso), cada vez, posee más adeptos.

“Fuji TV tiene una larga tradición promoviendo, a través de sus programas, la cultura japonesa. Nuestro deseo es inculcar nuestra cultura a través de shows que puedan servir a un mejor entendimiento de lo que significa Japón y nuestra compañía”. Las palabras de Akiko Tanaka invitan a un debate, que excede ampliamente, lo referente al negocio televisivo.



[1] El programa que satiriza el “american way of life” evoca, en sus visitas a latitudes distantes, una mirada condenatoria  para el sentido común -formado a partir de discursos prejuiciosos- que la media norteamericana posee de otras culturas. De esta forma, en su escala en Australia fueron perseguidos por una horda a lo “Mad Max”, en Francia unos productores vitivinícolas explotaban laboralmente a un menor. El capítulo que más polémica suscitó fue el de su viaje a Brasil, la imagen destilada en la pantalla ( “país bananero”, cargado de erotismo y peligroso para el turista extranjero) provocaron que el mismo presidente Fernando Henrique Cardoso exigiera disculpas a la cadena Fox y que la agencia de turismo de Rio de Janeiro (Riotur) emprendiera acciones legales contra la productora de Matt Groening por futuros daños a la economía turística carioca.    
[2] Según un estudio llevado a cabo por la cadena televisiva Nihon Housou (NHK) en el año 2000, el estimado de televidentes diarios de la isla ronda el 95 % del total de su población (más de 126 millones de personas).
[3] Según Tanaka la grilla de programación se divide en: informativos (incluido un subgénero llamado “infotainment” de gran éxito en Japón) deportivos, entretenimiento, ficciones y documentales.
[4] Especialistas en marketing, como Marieke K. de Mooij, aplican el concepto de “cultura de baja dependencia al contexto” y “alta dependencia al contexto” de Edward Hall, para dar cuenta de la tipicidad propia de la publicidad japonesa.  “De Mooij afirmó que, en una cultura de alto contexto como la japonesa, se utiliza la comunicación indirecta y ambigua que hace énfasis en la venta por convencimiento o “soft sell.” Estudios anteriores afirmaron que la utilización de símbolos, el uso de la categoría “entretenimiento” y el empleo de imágenes de personas celebres era una consecuencia de tal aspecto, ya que hacen hincapié en la asociación simbólica e implícita de la comunicación interpersonal.” http://www.ies21.com.ar/articulos/ci07.pdf

Pueden chequearse algunos comerciales (con impensadas apariciones de celebridades occidentales) en www.japander.com

[5] “Fountain of Trivia” merece una mención aparte. En el show, acaso el mejor ejemplo del entretenimiento “made in japan”, los espectadores envían conocimientos mundanos por dinero; cuanto más grotescos los datos, más yenes al ganador.