POLÍTICA
DE TELECOMUNICACIONES DE ESTADOS UNIDOS Y LAS CORPORACIONES
Por Andrew Calabrese
Profesor de School of Journalism
and Mass Communication, Universidad de Colorado
I.
Los participantes en el debate sobre el controvertido concepto de "neutralidad
de la red" en la política de telecomunicaciones pueden aprender
mucho de la evolución de la industria en los últimos treinta
años. La historia de la regulación del cable y del teléfono,
aunque de alguna manera bastante distinta en ese período de tiempo,
es instructiva en tanto permite explicar por qué las dos industrias
han sido tratadas de modos diferentes, por qué algunas de las
diferencias son solamente superficiales (ambas han gozado de posiciones
monopólicas con las altas barreras de entrada inducidas por el
gobierno), y cómo ambas industrias están haciendo sus
intentos para eliminar sus diferencias más significativas, en
perjuicio de ciudadanos y de consumidores. En este trabajo intento demostrar
el valor de sentar las bases de discusiones sobre el acceso a las infraestructuras
de banda ancha digitales teniendo en cuenta las preocupaciones dominantes
que emergieron en el período inmediatamente anterior y posterior
a la desintegración de AT&T. Una de las preguntas relevantes
que resuena persistentemente es bajo qué condiciones, si las
hay, sería apropiado permitir un common carrier (proveedor público
de telecomunicaciones) de tarifa regulada ingresar en el negocio de
la industria editorial electrónica (de texto, voz, datos y vídeo).
Aunque ya ha comenzado el proceso por el cual los límites entre
la infraestructura del "carrier" y del proveedor de contenidos
son cada vez más borrosos, la lógica y las condiciones
dudosas que permiten este escenario son un tema sobre el cual el público,
desafortunadamente, sabe muy poco. Al mismo tiempo que los reguladores
y las cortes trataban de resolver esta pregunta, los emergentes servicios
de televisión por cable se fueron asentando en un contexto regulador
que favoreció un modelo diferente del que solía gobernar
la telefonía. En vez de ser tratado como un " common carrier"
como la industria telefónica, los operadores del sistema del
cable se las arreglaron para establecer su afinidad más cercana
a la de los radiodifusores. Esa diferencia histórica entre la
regulación de las dos industrias, cable y telefonía, es
en parte lo que explica la reciente victoria de las compañías
de cable en la Suprema Corte, a las que se les permitió negarse
a transportar a cualquier Internet Service Provider (ISP) además
del suyo. Pero la industria de telefonía tampoco está
interesada en ser un "common carrier" para todos los ISPs
que desean conectarse a su infraestructura. Por el contrario, al igual
que las compañías de cable, las empresas de teléfono
están haciendo lobby para conseguir el control exclusivo de su
infraestructura por lo que muchos creen que los proveedores de servicios
de Internet independientes que no tienen sus propias líneas de
cables podrían dejar de existir. Otro temor es que el acceso
de banda ancha al sistema de teléfono a través de proveedores
de información independientes - algo en lo que las compañías
del teléfono no tienen ningún interés financiero
- llegará a ser prohibitivamente caro. En este momento, los proveedores
de información comercial como Amazon.com, MapQuest, Google y
Yahoo se han convertido en extraños "aliados" de los
defensores del interés público, que temen que los medios
independientes y comunitarios no encuentren ningún lugar en un
nuevo mercado de las telecomunicaciones en el cual el acceso al ancho
de banda sea basado en el principio de "pagar para jugar/pay to
play." Estos argumentos en coalición podrían causar
algún retraso para resistir el movimiento de las compañías
telefónicas de desarrollar un modelo de precios más costoso
para que los proveedores de información de gran ancho de banda
tengan acceso a su infraestructura. Pero es muy probable que los principales
proveedores de Internet se independicen de las organización de
servicio público menos importantes que necesitan alcanzar a clientela
para propósitos sociales, políticos y culturales de la
asociación y el intercambio, pero cuyas empresas no fueron pensadas
para generar ganancias.
Parece improbable que las compañías de telecomunicaciones
- los dueños de las infraestructuras del cable y del teléfono
sobre las cuales se está realizando la migración de banda
ancha digital - vayan a querer hacer poco atractivos sus sistemas a
los proveedores de información y a los consumidores como para
que ambos busquen otros alternativas de entrega. Por el contrario, es
de esperar que busquen esquemas de precios que permitan a los grandes
jugadores hacer negocios y que los consumidores estén razonablemente
satisfechos con las opciones disponibles. Sin embargo, al mismo tiempo
las empresas de cable y telefonía compiten entre sí, ellas
también enfrentan la competencia potencial de aquellas ciudades
que están construyendo sus propias infraestructuras inalámbricas
de banda ancha. "WI-FI municipales," como se denomina a estos
sistemas, son quizás la fuente de mayor esperanza para los pequeños
proveedores de información, redes comunitarias y organizaciones
sociales locales. También, tales sistemas pueden estar en posición
de competir con los sistemas del cable y teléfono y proveer banda
ancha para los servicios de información comerciales (1). Queda
abierta la posibilidad que los nuevos y presentes imprevistos de los
sistemas de entrega sean desarrollados en el futuro, de este modo potencialmente
se amplía la posibilidad que las compañías de cable
y de teléfono no harán lo que más se teme que hagan,
que es poner precios discriminatorios y proporcionar un servicio de
menor calidad para los proveedores de servicio de información
que compiten con servicios de información en los cuales ellos
tienen intereses financieros.
Al considerar las perspectivas de renovación y de futuro éxito
para los "medios del servicio público" en un ambiente
de banda ancha digital, parece que los proveedores que caen bajo esta
categoría (reconocidamente nebulosa) adoptan una presunción
hacia la política de comunicación como medio para asegurar
el bienestar social. Los argumentos contra los "derechos positivos"
o "libertad positiva" han tenido gran alcance en décadas
recientes según lo evidenciado por el progresivo y exitoso asalto
en la teoría y la práctica de los estados de bienestar
(2). En ese caso, los defensores de tales derechos deben examinar más
de cerca qué significa gozar de derechos positivos. Como yo sostengo
en este trabajo, los grandes monopolios de telecomunicaciones - las
compañías nacionales del cable y de teléfono -
están entre los mayores beneficiarios de los derechos positivos
del siglo XX. A través de una crítica del bienestar corporativo,
que ha hecho de la industria de las telecomunicaciones de los Estados
Unidos el éxito fenomenal global que es hoy, procuro justificar
las obligaciones que la industria debe cumplir para mantener el bienestar
público en la comunicación en este tiempo (3).
Una sociedad libre y democrática depende de lo que Immanuel Kant
una vez llamó "el principio de publicidad," por cual
él se refería a la oportunidad para dejar fluir las ideas
que no se dejan entorpecer por la dominación y el miedo (4).
Sabiendo bien que el control de la publicidad sobre información
importante e incluso potencialmente perjudicial puede ser vital para
mantener el orden social, Margaret Thatcher una vez dijo bromeando que
los secuestradores del avión debían ser privados del "oxígeno
de la publicidad," ya que eso era lo que buscaban con sus acciones
(5). La analogía aquí no es que los ciudadanos promedio
son potenciales terroristas contra quienes los gobiernos en complicidad
con los medios están emprendiendo o deben emprender una guerra
informativa deliberada. Más bien se trata de que el "oxígeno
de la publicidad", de lo cual es privado diariamente el ciudadano
promedio, brinda la información básica y el conocimiento
necesario para hacer uso eficaz de las instituciones políticas,
cuya lógica es su derecho entender, cuestionar y transformar.
Más mundanas que las medidas restrictivas para frustrar la violencia
política, el gobierno, con la complicidad de los medios de comunicación,
demostró no sólo que es capaz sino que está dispuesto
a angostar y contraer la imaginación política del público
(6). Mi hipótesis al escribir este trabajo ha sido que, para
contribuir a una imaginación política lo más sana
posible en una sociedad libre y democrática, la promoción
del oxígeno de la publicidad del mayor tipo es la máxima
prioridad entonces, necesariamente, los servicios de telecomunicación
deben asegurar la oportunidad de servir al interés público.
II.
Al
aprobar la Ley de Telecomunicaciones de 1996, el Congreso unificó
las heterogéneas resoluciones de la Comisión Federal de
Comunicaciones y de los tribunales para hacerlas más funcionales,
con el anhelo de promover la competencia en la provisión del
servicio telefónico básico así como también
una variedad de servicios informativos "mejorados", incluyendo
la televisión por cable. A diferencia del servicio de telefonía
básico, el servicio de televisión por cable no ha sido
regulado como "common carrier". Desde sus humildes orígenes
como medio para retransmitir las señales de radiodifusión,
el servicio de cable se ha movido en una dirección muy diferente
a la de la telefonía en lo referente a su regulación.
En algún sentido, el cable se convirtió en un "hijastro"
poco probable de la radiodifusión, que fue establecida cuando
la Corte Suprema declaró que la jurisdicción de la FCC
sobre el calbe era justificada como extensión de la relación
del cable con la radiodifusión. En el caso de ESTADOS UNIDOS
vs. Southern Cable de 1968 (7), la corte consideró que, como
las compañías de cable transmiten señales de radiodifusión,
la autoridad de la FCC sobre los proveedores de cable se deducía
lógicamente de su autoridad sobre las empresas de radiodifusión.
Aunque sería incorrecto decir que el cable ha sido regulado como
radiodifusor, la relación entre las dos industrias ayuda a explicar
por qué la industria del cable pudo evitar exitosamente ser regulada
como "common carrier". Para comenzar, es útil observar
cómo "radiodifusión" ha sido definida por el
estatuto. Según la Ley Federal de Comunicaciones de 1934, y sus
posteriores enmiendas, la "radiodifusión" se define
como:
El término
"radiodifusión" significa la difusión de las
comuncaciones por radio que el público prevé recibir directamente
o por intermedio de las estaciones de re-transmisión. 47 U.S.C
§ 153(a)(6)
Y el término
"Radio Comunicación" se define en el Acta de1934 como
sigue:
El término
"Radio Comunicación" o "comunicación por
radio" se refiere a la transmisión por radio de escritura,
signos, señales, imágenes y sonidos de todo tipo, incluyendo
los instrumentales, instalaciones, aparatos y servicios (entre otras
cosas, la recepción, reenvío y la entrega de comunicaciones)
que influyan en dicha transmisión. 47 U.S.C § 153(a)(33).
Aunque
la industria de la televisión surgió luego, esta definición
de la radio también se ha aplicado a la televisión.
Es importante recordar que si bien en los comienzos de la radio las
empresas intentaron hacer de la radiodifusión un servicio público
pago, no lo lograron. En cambio, el radiodifusor fue tratado como la
industria editorial y no sólo como un portador/carrier. Al comparar
los dos modelos - common carriers y radiodifusores comerciales - el
primero históricamente no ha tenido ningún control sobre
los contenidos que transmite, mientras que el segundo tuvo casi control
total, a pesar de algunas obligaciones de menor importancia del servicio
público. La última tentativa verdaderamente significativa
de extraer a los radiodifusores las obligaciones de common carrier se
dio en 1973, cuando La Corte Suprema indicó de forma inequívoca
que ningún grupo tiene derecho de exigir acceso al tiempo de
emisión (8).Según se dice, el momento emblemático
en el que las obligaciones del servicio público se vieron en
retroceso fue cuando la FCC de Reagan revisó las reglas de la
"Doctrina de Justicia" (Fairness Doctrine) y determinó
que no sólo eran innecesarias (por la emergencia de nuevos medios
de comunicación como por ejemplo el cable y televisión
satelital) sino que además tenía un "efecto escalofriante"
en el discurso de los radiodifusores (9).
Como lo demuestran estas decisiones, el modelo de radiodifusión
en Estados Unidos ha tratado a las estaciones de operación no
simplemente como portadores de los mensajes de otros, sino como editores/autores/oradores
en su propio derecho. Curiosamente, los operadores del sistema de cable
se las han arreglado para recibir un tratamiento similar. En historia
del cable de Estados Unidos, también se hicieron tentativas para
imponer las obligaciones del servicio público que probaron dónde
se posicionó el cable respecto de los límites entre los
radiodifusores y los common carriers. En 1972, un caso decidido por
la Suprema Corte expandió la jurisdicción de la FCC sobre
el cable permitiéndole solicitar a los operadores del sistema
de cable que generen programación local, concordante con las
obligaciones de programación local que son impuestas a los radiodifusores
(10). Luego, en 1979, la FCC presionó más e impulsó
medidas hacia el common carriage creando reglas que requerían
que las compañías de cable tuvieran canales público,
educativo, gubernamental (PEG) y arrendara el acceso comercial (11).
Con respecto a este requisito, la Corte Suprema determinó que
la FCC ahora intentaba regular el cable como common carrier, y que violaba
la distinción estatutaria entre los radiodifusores (que, de alguna
manera, se los emparentaba con el cable) y los common carriers. Aunque
la Corte no permitió que la FCC impusiera estos requisitos de
acceso, en 1984, el Congreso aprobó una legislación que,
mientras que no imponía tales requisitos, autorizó a ciudades
para eliminar tales obligaciones de las compañías de cable
para satisfacer el cumplimiento de sus acuerdos municipales de concesión
(franchise). (12)
Esta obligación sigue siendo una cuestión de acuerdo entre
las compañías de cable y los municipios. Pero se ha producido
un giro en años recientes, pues la industria del cable ha comenzado
a brindar Internet. Una vez más, se tanteó el terreno
para ver si las compañías de cable deben actuar como common
carrier y proporcionar el acceso a sus conexiones a través Internet
Service Provider (ISPs) independientes. En el caso de "Nacional
Cable & Telecommunications Association" vs. Brand X, la Corte
Suprema mantuvo la resolución de la FCC por la cual una compañía
de cable está en su derecho de no proveer las conexiones vía
cable modem de banda ancha a terceros. El razonamiento de la Corte fue
que los ISPs están ofreciendo "servicio informativo,"
que no se sujetan a las regulaciones del common carrier, a diferencia
de los "servicios de telecomunicaciones".(13)
Como Brand X no posee su propia infraestructura ("servicio de telecomunicaciones"),
y puesto que las compañías de cable ya habían establecido
su derecho a la libertad de expresión para determinar qué
contenidos se proveen en sus sistemas, no se consideró que Brand
X tuviera una demanda justificada para a tener acceso en la infraestructura
del operador de cable. La historia del cable de ser "razonablemente
complementaria" a la radiodifusión resurgió una vez
más, ya que la industria ha establecido que los operadores de
cable pueden ser los proveedores exclusivos del servicio del Internet
en sus propias conexiones (14). Este caso tuvo lugar inmediatamente
después de haber sido emitida a una resolución declaratoria
de la FCC, que indicaba que el servicio de cable modem es un "servicio
de información", no un "servicio de telecomunicaciones".(15)
Cuando se es un provedor de información, uno actúa esencialmente
como un radiodifusor, entonces lo más importante es el papel
de proveedor de contenidos, mientras que al ser proveedor de telecomunicaciones,
uno actúa esencialmente como common carrier. Como nunca quiso
quedar en último lugar, a pesar de ser el operador de una infraestructura
que tenía cierta semejanza con el sistema de telefonía
(cables a las residencias, confiando en el uso de las ciudad de los
derechos de circulación, etc.), la asociación de la industria
de cable exitosamente puso énfasis en la importancia de la "información"
en su servicio de cable modem.
El caso dividió las aguas, y fue un serio golpe para los grupos
de interés público que deseaban asegurar el acceso de
Internet a la infraestructura de telecomunicaciones de la nación.
Al escribir un Amicus Brief, cuando el caso estaba en la Corte de Apelación,
la Unión Americana de Libertades Civiles argumentó:
Si los
servicios de cable modem no son regulados como servicio de telecomunicaciones
de common carrier, las compañías de cable pueden aprovechar
que tienen la propiedad de la infraestructura física para controlar
el acceso de los ciudadanos a Internet. Esto atenta contra la libertad
de expresión y la privacidad. Una compañía de cable
que tiene control completo sobre el acceso de sus clientes a Internet
podría censurar su capacidad de hablar, bloquear su acceso a
los servicios informativos desaprobados, supervisar su actividad mientras
estén online y manipular sutilmente los servicios de información
en los que confían. Los clientes no tendrán más
opción que someterse a esta vigilancia". (16)
Ésta
es la esencia de la preocupación actual por cuál es papel
que los monopolios de Telecomunicaciones- cable y teléfono- pueden
desempeñar con respecto a los ciudadanos y las condiciones bajo
las cuales éstos pueden participar en la esfera pública.
Como las compañías de cable son entidades privadas, su
capacidad de censurar no es un tema que involucre a la Primera Enmienda.
Y si las compañías de teléfono se las arreglan
para asegurar un grado comparable de control sobre el uso del Internet
sobre sus cables, ellas estarían listas para gozar de poderes
similares de "censura del mercado." Además, debido
al poder que poseen por su grado de concentración, las compañías
de telecomunicaciones pueden ser convenientes concentradores de información
para que las Agencias Nacionales de seguridad terminen experimentos
de vigilancia de los ciudadanos de Estados Unidos.(17) A pesar de que
estos dos problemas - censura de mercado y la vigilancia - no están
conectados directamente, ambos provienen de la concentración
del poder de mercado que fue otorgado a las compañías
de Telecomunicaciones por el gobierno federal. La ilusión que
tanto el gobierno y las compañías de telecomunicaciones
aspiran perpetuar es que esta concentración de poder es, de alguna
manera, el resultado de las vicisitudes de un mercado sano, más
que de un bienestar corporativo. (18)
III.
En
los años 90, luego de la desintegración de AT&T, hubo
una rápida aceleración de inversiones directas extranjeras
por parte de las compañías de las telecomunicaciones de
Estados Unidos, particularmente en telefonía inalámbrica
y el servicio de televisión por cable. (19) Hoy, con políticas
de propiedad más laxas que nunca, las firmas nacionales privatizadas
han aunado fuerzas con las compañías de Estados Unidos
para crear descomunales infraestructuras de telecomunicación
global.
El modelo de política de telecomunicaciones de Estados Unidos
responde a poderosas corporaciones que acumularon su masiva fortuna
no a través de la competición, sino a través de
acogedores tratos como monopolios protegidos (entiéndase regulados),
cuyas ganancias fueron aseguradas y cuya exposición a la competencia
fue mantenida en un nivel mínimo. La protección de una
industria no es un mal intrínseco, especialmente si se hace a
cambio de obligaciones de servicio público. Pero ahora, los bolsillos
profundos de monopolios de telefonía se están utilizando
cada vez más para controlar el flujo de noticias y entretenimiento,
trabajando para definir sus derechos de dar contenido en las infraestructuras
que fueron financiadas involuntariamente por el público. Los
monopolios del cable y teléfono ganaron su fortuna "a la
antigua": con tratos que tenían más a ver con protegerse
de la competencia que con fomentarla. Aunque la historia del desarrollo
de la infraestructura de telecomunicaciones está marcada a fuego
por el bienestar corporativo, la falaz retórica del espíritu
emprendedor que han conseguido las compañías de teléfono
y de cable a sus actuales posiciones de dominio del mercado no debe
convertirse en la causa de la negligencia de la política hacia
sus obligaciones futuras de servicio público. Esas obligaciones
deben incluir hacerse cargo de las cargas financieras para sostener
un ambiente sano de servicio público de comunicación.
Es demasiado pronto para decir en qué dirección soplarán
los vientos con respecto a la relación futura entre los servicios
de telecomunicaciones y los servicios informativos, dado que estamos
en medio de un importante re-examen y redefinición de esta arena.
Sin embargo, entre los principios básicos que deben ser más
apreciados para mantener el espíritu de los compromisos del servicio
público, se puede mencionar que no se les permita a las redes
prevenir el acceso a cualquier contenido legal, que ellas no permiten
para favorecer a sus propios servicios sobre los de sus competidores
( ya sea en términos de precio o de la calidad del servicio ofrecido),
y que comparten significativamente el sostener el costo de la re-invención
del servicio público de medios para la era digital, bien sea
a través de fondos del servicio universal, la co-financiación
de servicios de banda ancha municipales u otros medios hasta ahora imprevistos.
(20) El resultado final debe ser una resolución sostenida por
por parte de quienes hacen políticas para no olvidarse de que
el éxito y el poder de mercado concentrado de la industria de
las telecomunicaciones de Estados Unidos se obtuvo a expensas de los
ciudadanos estadounidenses, por cortesía del gobierno, y que
por consiguiente se tiene una gran deuda con ellos.
Referencias
1 Andy Oram, "Network Neutrality and an Internet
Vision," LXer, 13 February 2006. Available at: http://lxer.com/module/newswire/view/53907/;
Rob Preston, "Down to Business: The Economics of Metro WI-FI,"
Information Week, March 27, 2006. Available at: http://www.informationweek.com/hardware/showArticle.jhtml?articleID=183702784
2 Berlin, I. (1969) 'Two Concepts of Liberty', pp. 118-172 in I. Berlin,
Four Essays on Liberty. New York: Oxford University Press.
3 Cato Handbook define "bienestar corporativo" como: "los
programas del gobierno que proveen beneficios únicos o ventajas
para compañías específicas o industrias".
En el tratado de Ralph Nader sobre la materia, bienestar corporativo
se da en varias formas, que incluyen beneficios, como en el caso del
bonanza spectrum de 1996 para radiodifusores, investigación y
desarrollo, condonación de deudas, gastos de impuestos ("exclusiones
especiales, excenciones, deducciones, creditos, o tasas de impuestos"),
patrocinio gubernamental para empresas, y exportaciones y asistencia
de marketing en el extranjero. Cfr. Edward H. Crane and David Boaz (eds.),
Cato Handbook for Congress: Policy Recommendations for the 108th Congress
(Washington, DC: Cato Institute, 2005), 338 y Ralph Nader, Cutting Corporate
Welfare (New York: Seven Stories Press, 2000), 17-18; see also Patricia
Aufderheide, Communications Policy and the Public Interest: The Telecommunications
Act of 1996 (New York: Guilford Press, 1999), 63-64.
4 Kant, I. (1991) 'An answer to the question "What is Enlightenment?"'
in Political Writings, ed Hans Reiss, trans H.B. Nisbet, Cambridge University
Press. (Original work published 1784)
5 La declaración completa realizada por Thatcher en un discurso
en una reunión de American Bar Association en Londres en 1985
fue, "[Las naciones democráticas] deben tratar de encontrar
formas de privar del oxígeno de la publicidad del cual dependen
a los terroristas y secuestradores." Disponible en: http://www.bartleby.com/63/41/8341.html
6 Andrew Calabrese (2004). Stealth regulation: Moral meltdown and political
radicalism at the Federal Communications Commission. New Media and Society,
6(1), 18-25; (2005). Andrew Calabrese, Casus belli: U.S. media and the
justification of the Iraq war. Television and New Media, 6(2), 153-175
7 U.S. v. Southwestern Cable Co. (U.S. 1968).
8 Columbia Broadcasting System, Inc. v. Democratic National Committee,
412 U.S. 94, 105 (1973)
9 Meredith Corp. v. FCC (D.C. Cir, 1987): re: Syracuse Peace Council,
Memorandum Opinion and Order (2 FCC Rcd. 5042, August 6, 1987): El circuito
de la corte determinó que la Comisón considere la constitucionalidad
de la Doctrina de Justicia (Fairness Doctrine). La corte encontró
que, basándose en la evidencia del caso, la FCC reconoció
que la estación de televisión, WTVH-Syracuse, se equivocó
al pedir el requisito de justicia. Sin embargo, la corte envió
el caso de vuelta a la FCC porque quería que ella considerara
la constitucionalidad de las Fairness Doctrine. La FCC llegó
a la conclusión que la Fairness Doctrine contenía excesivamente
el derecho a la libertad de expresión de los radiodifusores.
10 United States v. Midwest Video Corp., 406 U.S. 649 (1972).
11 F.C.C. v. Midwest Video Corp., 440 U.S. 689 (1979).
12 The Cable Communications Act of 1984. Public Law 98-549 - October
30, 1984 (98 STAT.2780).
13 De acuerdo al código de los Estados Unidos, "El término
`Servicio de Telecomunicaciones`significa la ofrecer telecomunicaciones
directamente al público por una tarifa, o a cierta clase de usuarios
para que esté efectivamente disponible al público, sin
importar las facilidades utilizadas. 47 U.S.C. Sec. 153(46). También,
de acuerdo al código de EEUU, "El término `servicio
de información`significa ofrecer la capacidad para generar, adquirir,
almacenar, transformar, procesar, recuperar, utilizar o hacer disponible
información vía telecomunicaciones, e incluye publicaciones
electrónicas, pero no contempla ningún uso de ninguna
habilidad para la administración, control u operación
de un sistema de telecomunicaciones o la administración del sistema
de telecomunicaciones. U.S.C. Sec. 153(20).
14 National Cable & Telecommunications Association v. Brand X Internet
Services, 125 S. Ct. 2688 (20050.
15 Declaratory Ruling and Notice of Proposed Rulemaking Concerning High-Speed
Access on the Internet Over Cable and Other Facilities (FCC 02-77),
March 14, 2002.
16 Brief Amicus Curiae of the American Civil Liberties Union and the
Brennan Center for Justice at NYU School of Law in Support of Respondents
in the case of National Cable & Telecommunications Association,
et al., v. Brand X Internet Services, et al. On Writ of Certiorari to
the United States Court of Appeals for the Ninth Circuit, p. 4.
17 Leslie Cauley and John Diamond, "Telecoms Let NSA Spy on Calls,"
USA Today, Feb. 6, 2006 (**).
18 Los beneficios del bienestar de las corporaciones han sido el cimiento
del poder del mercado de las corporaciones/monopolios del cable. La
convención legal de las corporaciones se inventó para
re- interpretar y extender a las corporaciones privadas los derechos
que, previamente, sólo gozaban los individuos. La paradoja de
esta entidad es, por un lado, la gran importancia que tiene para las
corporaciones el ejercicio de los derechos ciudadanos, mientras que
por el otro lado, las corporaciones poderosas son inflexibles y eficaces
en su resistencia a la elaboración formal de códigos de
obligaciones cívicas. En otras palabras, y esto no es novedoso,
las corporaciones han sido eficaces reclamando los derechos de los ciudadanos
pero evitando las responsabilidades que conlleva.
19 Andrew Calabrese (1995). Local versus global in the modernisation
of Central and Eastern European Telecommunications: A case study of
US corporate investments. In P. Preston and F. Corcoran (Eds.), Re-Regulating
European Communications, pp. 233-256. Cresskill, NJ: Hampton Press
20 Some of this thinking is inspired in part by Representative Rick
Boucher (D-VA). Rick Boucher, "Beware of a Two-Lane Internet,"
Business Week, March 7, 2006.
Traducción:
Ana Bizberge