LA CONCENTRACION DE LOS MEDIOS DE COMUNICACION EN FRANCIAUna amenaza para la libertad de prensa y de expresión
Por Patricio TUPPER Profesor en Ciencias de la Información y
de la Comunicación. Universidad de París 8 Especial
para PNC
Francia ha vivido estos últimos años un fenómeno
de concentración de los medios de comunicación sin precedentes. Aunque este fenómeno capitalístico no es nuevo,
la industrialización actual se realiza en función de lógicas financieras,
de rentabilidad y de influencia. De acuerdo al sociologo del CNRS y
especialista de los medios, Jean Marie Charon « estamos volviendo
a las bellas épocas de grandes industriales y altos hornos en la prensa
francesa. Lo que se traduce por el débil desarrollo de las empresas
de comunicación en el plano industrial o editorial y
la obsesión de los industriales
por los contenidos editoriales »
[1]
Y agrega: « los grupos dominantes avanzan en
la vía de las restructuraciones, concentraciones, externalizaciones,
y juegan la carta de los gratuitos, verdaderos útiles del dumping social
y económico ».
Así, la concentración en el seno de cada sector
media (televisión, prensa, edición) no es más que un aspecto de la concentración
puesto que los grupos más poderosos son multimedias y están integrados
a grandes conglomerados industriales (Lagardère, Dassault, Bouygues
…). Estos tres grupos dominantes son dependientes del mercado estatal.
Lagardère y Dassault son, entre otros, los principales
industriales de armamento francés. El primero, a través de su filial
Matra produce misiles teleguidados
como los conocidos “exocets”, sistemas electrónicos de comunicaciones
militares estratégicas, satélites de reconocimeinto, etc. El segundo,
creó los reputados aviones de combate “Mirage” y hoy los “Rafale”, así
como helicópteros de guerra y de transporte de tropas. Una parte importante
del presupuesto militar esta destinado a pagar las compras de estos
equipamientos decididas por el poder político. El grupo Bouygues
también hizo su fortuna gracias al Estado,
contruyendo infraestructuras (autopistas, aeropuertos, hospitales...)
y edificios públicos y privados. De esta manera, la relación entre estos
conglomerados industriales y el poder político son estrechas.
Por otra parte, la concentración de los medios
de comunicación se amplifica también por las alianzas entre los grupos
mismos : convergencias de intereses que nacen entre empresas cuyo
capital es controlado conjuntamente por esos grupos (alianza Vivendi-Lagardère, alianza
TF1-M6…)
[2]
La concentración en el audiovisual
El paisaje audiovisual francés (PAF) está dominado
por la empresa TF1, controlada
por el grupo de construcción y obras públicas Bouygues (41,3%), que realiza una cifra de negocios de 2. 600 millones
de euros y capta la mitad de las recetas de publicidad de la televisión
(54 % en 2002). La cadena, que
raliza un tercio de la audiencia total del conjunto de las cadenas de
televisión en Francia (32,7 % fin 2002) representa 58 % de la cifra
de negocios de TF1.
Pero TF1
no es sólo una cadena gratuita de televisión hertziana, es también el
primer accionista de la plataforma satelital numérica TPS que difunde 200 canales con un millón de suscriptores. Posée,
también, la cadena de televisión por
cable de información contínua, LCI y una multiplicidad de temáticas: Eurosport, Cinétoile, Cinestar, Télétoon, Infosport
entre otras, sin contar con participaciones en otras cadenas como TF6,
Serie Club, etc. presentes en los cable-operadores y en la plataforma
satelital de la competencia, Canalsatelite (grupo Canal Plus) de propiedad de Vivendi.
TF1, que fue privatizada en 1987 por el gobierno conservador del entonces Primer Ministro Jacques Chirac, se extiende también a la industria del cine (49 % de Téléma, 50% de Film Par Film y TF1 Film Production) y la distribución cinematográfica (TFM, filial común con Miramax del grupo Disney). Logicamente, la industrialización de TF1 abarca también la edición y distribución de video-casetes, de DVD, de CD musicales y es el primer editor video francés a través de su filial TF1 Video.
El grupo decidió no invertir en la internacionalización como su competidor Canal Plus prefiriendo diversificarse en otros sectores y particularmente en la prensa cotidiana gratuita: el año pasado compro 34,3 por ciento del diario gratuito Metro Francia y a comienzos de este año publicó dos revistas semanales (Ushuaia, y Telefoot) basados en dos programas populares de la cadena, en las que intervienen los mismos periodistas y comentadores. Publicó asimismo dos revistas consagradas a la televisión como Tfou Mag y a la emisión de “reality show” StarAc (ademy) Magazine, 201 mil ejemplares , y desarrolla proyectos de diarios y revistas gratuitas relacionadas con el deporte y derivados de la televisión.
La diversificación del grupo TF1 obedece a una “estrategia de compensación”,
por que a pesar de situarse en una posición dominante, que dicho sea
de paso es excepcional en Europa para una TV privada, su audiencia se
eroda cada año. En las condiciones actuales, su rentabilidad comienza
a 30% de audiencia; menos de eso su permanencia es aleatoria. La llegada en marzo 2005 de la Televisión Numérica Terrestre (TNT) abre aun más el espacio a la competencia
y a la implacable carrera en busca de la publicidad. La TNT permitirá
la creación de televisiones locales/regionales en las cuales pueden
participar como operadores empresas periodísticas de terreno que ya
tienen una implantación en el mercado publicitario local y cuyo monto,
según las últimas evaluaciones, llegaría a 250 millones de euros.
De ahí, la importancia de alianzas capitalísticas
con otros grupos económicos que controlan medios de comunicación. Bouygues,
que controla TF1 y el tercer
operador de telefonía móvil Bouygues Telecom, tiene como accionarios
al grupo Pinault ( 8%, FNAC, Printemps, el semanario Le Point,
la Radio BFM...), Arnault
(5%, diario La Tribuna, revista
económica Investir, la industria
de lujo LVMH...) y la propia familia Bouygues.
Los intereses de TF1 van más allá de las alianzas con grupos nacionales. También se realizan con grupos multinacionales como con el del australo-americano Rupert Murdoch y el magnate italiano Silvio Berlusconi con quienes controla la cadena regional bretona TV Breizh. Aunque la alianza más importante la realiza con la otra cadena privada de televisión hertziana M6, de propiedad de la multinacional alemana Bertelsmann, a través del grupo RTL. Ambos grupos poseen en común dos cadenas de televisión: Serie Club y TF6 (50% cada uno) y, sobretodo, la plataforma satelital TPS (34% M6 y 66% TF1).
Estas dos cadenas privadas y competidoras en
el mercado audiovisual, TF1
y M6, están ligadas por intereses económicos
y financieros comunes. TPS representa 11 % de la cifra de negocios
de TF1 y más aún para M6. En conjunto las dos cadenas representan
el 46% de la audiencia total de la televisión francesa (32,7% para TF1 y 13,2% para M6) el
resto para las cuatro cadenas públicas (France
2,3,5 y la multicultural franco-alemana Arte)
y la cadena paga Canal Plus.
Su posición dominante es más impresionante en el campo de las recetas
publicitarias: 76,8% del mercado de la publicidad televisiva (53,9 %
para TF1 y 22,9% para M6.
Canal Plus, la televisión codificada creada en 1985 y propiedad a cien por ciento de la multinacional Vivendi, es otro actor importante del PAF. El grupo que tiene actualmente 4,8 millones de abonados posee una veintena de cadenas tématicas (MultiTematiques, 63,9 % del capital), Studio Canal que tiene un lugar importante y estratégico en la producción y distribución de films y de programas de televisión y la plataforma satelital Canal Satelite (2 millones de abonados y 230 cadenas de televisión y servicios interactivos). Si se suma a este conglomerado el operador cable NCNumericable, el grupo Canal Plus llega a 8 millones de abonados con un total de 2.700 millones de euros de cifra de negocios (1.500 millones sólo para la cadena Canal Plus). A pesar de ello, la audiencia de Canal Plus es de sólo 3,5 % de la audiencia total de la televisión, diez veces menor que la de TF1.
Vivendi vendió en el 2003 una parte importante
de sus actividades de edición y de prensa al grupo Lagardère, a raíz de una crisis financiera
y de gestión tras la compra de los estudios Universal. La venta se vió
favorecida por los lazos estratégicos entre los dos grupos: ambos controlan
la plataforma CanalSatelite
y MultiTematiques. Lagardère, que nunca pudo entrar en el “terreno cercado” de la televisión
gran público, a pesar de sus ambiciones, controla por su parte cinco cadenas de televisión temáticas:
dos cadenas musicales (MCM
y Mezzo), dos cadenas para jóvenes (Canal J y Tiji), Match TV y la cadena
Meteo, difundidas por cable
y satélite. El grupo produce y distribuye programas para la televisión
(fue el primer productor de ficción “prime time” en Francia en 2002). El patrón del grupo, Arnaut Lagardère sigue
de cerca la evolución de Vivendi y se declara abierto a una compra eventual
de Canal Plus o a la adjudicación
de la cadena pública France 2,
si el gobierno la privatiza como lo solicita el grupo parlamentario
de la derecha liberal (UMP) que lo apoya.
Los dos polos de la televisión francesa: TF1-M6 (Bouygues-Bertelsmann) y Vivendi-Lagardère
están también presentes en los otros sectores de la comunicación: prensa,
radio, cine, música.
La concentración en la prensa
La prensa francesa sufrió estos dos últimos
años una concentración sin precedentes debido, en parte, a la crisis
mundial que atravieza el sector (crisis del mercado publicitario, internacionalización
de las empresas –y ,por ende, de los anunciantes- llegada de los gratuitos,
etc.) y, particularmente, a la disminución sensible y permanente de
los lectores. Dos grupos ligados a la industria del armamento (aviones
de caza, helicópteros de combate, misiles, satélites...) controlan alrededor
de 70 % de la información escrita nacional:
Dassault y Lagardère (Matra-Hachette). Frente a ellos un grupo independiente,
Le Monde que busca alianzas con otros actores
medios del sector para hacer frente a la crisis y a las maniobras de
los grandes industriales.
La operación más espectacular e inquietante
se produjo el 18 de junio pasado cuando la Comisión Europea autorizó
a Serge Dassault a comprar el grupo Socpresse
y con ello apoderarse de 70 títulos de los cuales los más importantes
son el diario Le Figaro (340.000
ejemplares cotidianos) y los semanarios L’Express
(432.000 ejemplares semanales) y L’Expansion
(154.000). La transacción, de
un monto de 1.200 millones de euros pagados con fondos propios, le permite
al alcalde conservador del partido del Presidente Jacques Chirac, UMP,
controlar el contenido de 6 millones de ejemplares cotidianos. Según la agencia de estudios de mercado y publicidad Carat Expert,
el grupo Socpresse tiene
la posición de líder de la prensa nacional y regional, incluidos diarios
y revistas, con alrededor del 20% del mercado total en 2003 y con un
ingreso publicitario cercano a los
500 millones de euros, incluyendo los avisos particulares. El grupo
totaliza el 13 % de la difusión nacional..
Serge Dassault que es la tercera fortuna de
Francia, según la clasificación de la revista Forbes, con un patrimonio de 5.200 millones de euros, se pone a la
altura de su antiguo rival de la aeronáutica, el grupo Lagardère que posee el 100% de Hachette
Filipacchi Medias (HFM), primer editor francés de revistas (20 %
del mercado y 30% de la publicidad). Entre los títulos más conocidos
pueden citarse Paris-Match,
Marie-Claire y Elle, primera
difusión en el mercado mundial. El
grupo HFM que tiene una cifra
de negocios de 1.140 millones de euros
posee ademas una decena
de diarios influyentes de provincia y del Journal
de Dimanche (JDD).
Por su parte, el diario Le Monde, que asumió el año pasado el control del grupo PVC (Publications
de la Vie Catholique) editor de los semanarios Telerama y La Vie Catholique, presenta
dificultades para absorver el costo de la operación. El ejercicio 2003
se saldó con una pérdida de
25 millones de euros. El diario de referencia mundial entabló también
“relaciones capitalísticas” con el semanario de centro izquierda Le Nouvel Observateur a través de un intercambio de acciones y tomó
el control del grupo Midi Libre, de Montpellier, del Courrier International y del Cahier du Cinéma. Al mismo tiempo, entró en el capital del diario suizo Le Temps. Todas estas operaciones “para
hacer frente a la crisis y a la concentración y asegurar así la independencia
del diario”, según el Presidente del directorio del grupo, Jean Marie
Colombani
[3]
.
Dos otros actores franceses se agregan al paisaje de la información periodística: el Grupo Amaury (433 millones de cifra de negocios) que publica el diario Le Parisien y L’Equipe, a parte de semanarios especializados en deportes y dos diarios de provincia; y el grupo Liberation (80 millones de euros) que publica el diario del mismo nombre y que actualmente se encuentra en una crisis financiera y está en búsqueda de inversores que puedan cubrir una pérdida anual de 550 mil euros.
Se agregan a estos grupos la filial francesa
del británico Emap y Prisma
(filial de Grûner and Jahr,
del polo revistas del alemán Bertelsmann)
especializados en el mercado de revistas gran público, con una difusión
del 17 y 18% del mercado francés.
El control de la edición
La concentración de la edición se acelera en
Francia en beneficio de los grupos multinacionales que controlan el
60% (Lagardère, Bertelsmann, Atlas, Rizzoli, Reed-Elsevier,
Media Participations, Wolters-Kluwer...). En dos años, el paisaje
editorial francés sufrió una no menos inquietante transformación a la
imagen de lo que ocurrió en el campo de la prensa. Después de la compra de Flamarion
por el grupo editor italiano Rizzoli (280 millones de euros), la compra
por el grupo Lagardère de 40 % de Editis
(exVivendi Universal Publishing) y de La
Martinière que absorve las ediciones du Seuil,
el grupo de inversión Wendel,
cuyo presidente es Ernest-Antoine Seillière, igualmente presidente de
la asociación de patrones de Francia (MEDEF),
adquiere, el 28 de mayo de 2004 y por 660 millones de euros, el 60%
de Editis que Lagardère no pudo conservar por decisión expresa de la
Comisión Europea. Editis-Wendel es el segundo editor francés con una cifra de negocios
de alrededor 560 millones de euros y reune las editoriales Robert, Bordas, Nathan, Plon-Perrin, Robert
Laffont, Julliard, Nil, La Decouverte, Presses de la Cité, Belfond,
Presses de la Renaissance, Pocket 10/8, Fleuve Noir...conocidas
en el mundo entero.
Aunque Hachette
(grupo Lagardère) es el líder indiscutido de la edición en Francia
(1.315 millones de euros) la compra de Editis
por Wendel tiene un valor simbólico que refleja las tendencias concentracionistas
actuales: por un lado se trata de fondos de inversión que buscan una
rentabilidad en el corto plazo y por otro lado se pierde el sentido
tradicional de la actividad editorial para transformarla en una industria
mercantil fructífera en la cual la edición es un contenido que se integra
a la actividad comunicacional. Las condiciones de creación de una obra intelectual
y las posibilidades de darla a conocer se ven así alteradas. Por otra
parte, el presidente de Wendel dirige un grupo de presión política,
el MEDEF, cuyas opciones ultraliberales son públicas, lo que acrecienta
las inquietudes por el pluralismo de la información, de la cultura y
del conocimiento en general.
La dominación de Lagardère en el campo de la edición puede medirse por el peso de las
editoriales que controla: Hachette,
Fayard, Grasset, Hatier, Marabout, Stock, Larousse, Dalloz, Dunod, Armand
Collin... El grupo es también el segundo librero de Francia a través
de la red de kioskos Relay
y de la cadena Virgin.
Alianza Bouygues-Dassault
Al terminar esta nota la prensa informa el 8
de julio de 2004 que el grupo Bouygues
y su filial TF1 compraron
cada uno 5% de la Socpresse,
propiedad de Serge Dassault. Se trata, una vez más, de una operación
industrial de interés mutuo favorecida por la amistad que unen a Martin
Bouygues y Serge Dassault. En el papel, las sinergías publicitarias
aparecen evidentes: 30 % del mercado publicitario en Francia. Para muchos,
sin embargo, se trata de una acción estratégica de TF1
para apoyarse en los diarios regionales de la Socpresse
y lanzar así las televisiones
locales para captar la publicidad de la gran distribución. Para TF1, el propósito es compensar
la erosión de su audiciencia, constante desde hace diez años.
Esta alianza, en todo caso, inquieta no sólo a los otros medios
de comunicación si no, también, a los sectores profesionales y políticos.
Si la operación obtiene el difícil aval de la Comisión Europea
los dos mastodontes tendrán el
monopolio de facto de la información en el país: la Socpresse
representa el 40% de la prensa escrita y los noticieros de TFI acaparan el 53 % de la
audiencia del mediodía y el
40% del “prime time” de las 20 horas, sin contar la cadena de información
contínua LCI. El gobierno, por su parte, considera
que los dos grupos por separado o en conjunto no sobrepasan el 30 %
del mercado como lo exige la ley anti-concentración. Frente a esta situación
el Observatoire Français des
Médias (OFM) lanzó un llamamiento público para solicitar una nueva
ley anti-concentración que defienda el pluralismo informativo y la libertad
de expresión.
[1] Le Monde du 18 juin 2004 [2] A propósito de cifras de la concentración en Francia ver el sitio web de L’Observatoire français des médias (OFM), www.observatoire-medias.info [3] Le Monde del 29 de septiembre del 2002. |