Las empresas de información, de comunicación y de entretenimiento: a grandes pasos hacia la convergencia [1]

 

Gaëtan Tremblay, GRICIS

  Los fuegos artificiales del nuevo milenio apenas se habían apagado cuando el 10 de enero resonó como un cañonazo el anuncio de la mega fusión entre América On Line (AOL) y Time Warner, inaugurando el siglo de Internet y estremeciendo al mundo de las comunicaciones. La carrera por la integración de empresas productoras de contenido y de propietarias de redes de comunicación estaba abierta. El mundo no tardará en ajustar su conducta. Québec y Canadá no fueron excepciones.

 

La convergencia de las telecomunicaciones, la informática y la radiodifusión se preparaba, en efecto, desde comienzos de los años 90. Y desde 1996, el gobierno canadiense había puesto la mesa adaptando su política sobre la cuestión, poco tiempo después de que las autoridades americanas hubieron hacer conocer la suya. El Consejo de la Radiodifusión y de las Telecomunicaciones de Canadá (CRTC) había adaptado entonces rápidamente su reglamentación a las directivas ministeriales. Las barreras que tradicionalmente separaban el mundo de las telecomunicaciones del la radiodifusión eran abolidas. Desde entonces, las empresas de uno u otro sector estaban autorizadas, y aún invitadas, a extender sus actividades hacia el otro campo, hasta entonces prohibido. Las compañías de distribución por cable, podrían ofrecer servicios de telefonía, y los operadores de redes de telecomunicaciones podrían hacer negocios en el sector de los contenidos.

 

Los hechos se precipitaron en el curso del año 2000; entonces se multiplicaron las fusiones, alianzas y adquisiciones que dejaban entrever la constitución de dos poderosos grupos multimedia de Canadá, como móviles centrales BCE y Rogers Communications. Pero no todo estaba decidido y otros jugadores vinieron a enredar el asunto.

 

La estrategia ICE de BCE

 

BCE anunció el 24 de marzo de 1999 un acuerdo mayor con Ameritech Corporation, (gigante americano de las telecomunicaciones, luego convertido en SBC Comunications) que bloqueaba 5,1 millones de dólares canadienses para una toma de participación del 20% en Bell Canadá. El acuerdo previó igualmente una cooperación a nivel de ventas y de marketing, de tráfico, así como la exploración de otros negocios.

 

Confiado en su colosal liquidez, BCE procedió a importantes adquisiciones de acuerdo a su estrategia ICE (información, comunicación, entretenimiento). La primera de las transacciones fue la compra de la totalidad de las acciones de Teleglobe (estimada en febrero en 9,65 millones, y luego reducida a la baja en junio, de acuerdo a los mezquinos resultados financieros de la compañía) previamente dirigida por una de las estrellas del mundo de los negocios de Québecueq, M Charles Sirois. BCE espera de esta adquisición un incremento de sus actividades internacionales, en particular cuando la red de plataformas banda ancha, Globe System sea desplegada en 160 grandes ciudades del mundo.

 

El ofrecimiento de compra de la red de televisión CTV por 2,3 mil millones de dólares canadienses el 25 de febrero de 1999 constituyó la segunda transacción más importante BCE. Con sus 25 cadenas de televisión generalistas, sus numerosas cadenas especializadas incluyendo CTV Newsnet (100%), Talk TV (100%), Netstar Communication Inc (68,46%), The Comedy Network (65,1%); una participación mayoritaria en CTV Pay-Per View Sports; Sportsnet (40%); Outdoor Life Network (33,34%); y History Televisión (12%), la red CTV vino a fortalecer la capacidad de producción y de difusión de contenidos de la información y de entretenimiento, quel BCE había comenzado a dotarse con Bell Express Vu y Sympatico-Lycos.

 

Sin embargo, para conformar a las exigencias del CRTC BCE debió vender Net Star quien incluye TSN (100%), Discovery Canadá (80%), RDS (100%), Viewer`s Choice Canadá (24,95%) y Dome Producctions (100%).

 

Al fin BCE procedió a otras transacciones de menor importancia rescatando en julio de 1999 la parte de los accionistas minoritarios de BCE Mobile por un acuerdo de 1,6 mil millones de dólares canadienses y en enero 2000, la compañìa Aliant.

 

Con sus filiales y sus participaciones mayoritarias en diversas empresas, BCE se volvió un grupo integrado activo en la telefonìa fija (Bell Canadá) como móvil (BCE Mobile), las comunicaciones internacionales(Tele-Globe y BCI), el comercio electrónico (BCE Emergis), los servicios informàticos (CGI), los servicios Internet (Sympatico-Lycos), la Radiodifusión Hertziana (CTV) y Satelital (Express Vu). No falta más que una participación en la distribución por cable. Pero en los años siguientes, Tele-Globe y BCI conocieron importantes dificuldades y quebraron. Además, SBC Comunications devolvió su participación accionista a BCE, registrando un beneficio interesante. Finalmente, la competencia que resulta del desarrollo de la telefonía por internet plantea nuevos desafíos al gigante canadiense.

 

La fusión de Rogers y de Vidéotron

 

El 7 de febrero de 1999, MM. Ted Rogers y Claude Chagnon anunciaban su intención de fusionar sus respectivas empresas para crear un grupo canadiense multimedia de un valor de 25 mil millones de dólares canadienses. Reagrupadas las actividades de Vidéotron y Rogers, se esperaba que tuvieran una estrategia similar a BCE. En efecto, si era ya un actor importante de la telefonía sin cable con Rogers AT&T Comunications, la nueva entidad dirigida por Ted Rogers aportaba el servicio de comunicación, la red más importante de  banda ancha en Canadá. La nueva sociedad ofrecía servicios de teledistribución, de acceso a Internet, de comunicaciones sin cable, de telecomunicaciones de negocios, de portadas de Internet (Excite, Rogers@home) de edición (Mc Lean Hunter) de radio, de televigilancia y, en un futuro cercano, telefonía residencial a más de 5 millones de hogares canadienses en los mercados de Québec, Ontario y Columbia Británica.

 

Esta fusión de Vidéotron y de Rogers no incluiría al grupo TVA, que quedaría como propiedad de la familia Chagnon. Bajo el mandato de su presidente, M. Daniel Lamarre, el grupo TVA ha continuado, en el transcurso del año 2000, su estrategia de expansión especializada en la producción de contenido. Sobre la escena nacional, fortaleció su posición rescatando el 17 de enero de 2000 la casa de edición Trustar, lider en Québec de la edición de revistas de idioma francés (7 jours, TV 7 jours, Le Lundi y Dernière heure) y, en la escena internacional, trayendo como adquisición a Motion International (primer productor independiente de Québec y distribuidor canadiense de importancia en los mercados nacionales e internacionales) fusionados por el enlace con TVA Internacional.

 

La contra-ofensiva de Quebecor y de Capital Communication CDPQ

 

Apenas anunciado, el casamiento de Rogers y de Vidéotron suscitó vivas contestaciones. La caja de depósito y colocación de Québec, accionista minoritario que financió el crecimiento del grupo Vidéotron, rechazó dar su aval al acuerdo y apoyó una oferta concurrente de parte del grupo Quebecor. La familia Chagnon proclamó su fidelidad al acuerdo concluido con Rogers. Pero la Caja de depósito y colocación hizo valer el veto que le conferiría la Convención secreta de los accionistas firmada con la familia Chagnon. Entre insultos y órdenes formales, el negocio se deterioró y se encontró en los Tribunales, con  la  fusión suspendida por el momento.

 

Quebecor Medias, la nueva empresa que resultaría de la fusión con Vidéotron, constituiría un grupo multimedia que integra el acceso (la distribución por cable de Vidéotron), los portales (Netgraphe y Canoe), el contenido (Televisión, periódicos, revistas y libros de Quebecor y Vidéotron) y la tecnología web del Grupo Informission. La oferta de Quebecor abarcaba la totalidad de los haberes de Viodéotron, incluyendo la red TVA.

 

Astral se consolida por concentración horizontal

 

Al margen de los grandes BCE, Vidéotron, Rogers y Quebecor, el grupo Astral Comunications continuó con su consolidación en el sector de los medios de comunicación. Procedió a la compra de Radiomutuel y confirmó su estrategia de especialización. La adquisición de Canal Vie, de Musique Plus y Musimax (compartiendo con CHUM), el arranque de nuevos canales Series +, Historia y Z, que se agregaron a Canal Famille, Canal D, Super Ecran y Canal Indigo, hacen de Astral un jugador de primer plano en la oferta de cadenas de televisión especializadas y de pago en Canadá.

 

La compra de Radiomutuel le permitió entrar en el sector de la radio, con la adquisición de Radio Energie, red de Québec de ocho estaciones FM y de tres estaciones AM. Se convirtió igualmente en socio de Telemedia, (50%), en la explotación de las estaciones CKAC en Montreal, CHRC en Québec y de la red de información y de deportes Radiomedia. Más recientemente, compró otras estaciones de radio hasta volverse el operador más poderoso en Québec. Presenta aún problemas para conformar a los directivos del CRTC, por lo que deberá desprenderse de algunos activos.

 

En la perspectiva del movimiento de convergencia entre productores de contenido y explotadores de redes, no sería extraño que Astral Comunications, por su iniciativa o aquella de eventuales compañeros hiciera objeto, en el curso de los próximos meses, de un anuncio de fusión, de alianza o de toma de control.

 

Cuestiones de comercio, de cultura y de democracia

 

Las empresas de Québec y de Canadá han seguido el movimiento internacional de concentración cebado por las fusiones de AOL/Time- Warner y de Vivendi, Seagram y Canal+. Ellas obedecieron en eso a un imperativo económico que parecía imponer la integración, la convergencia de las actividades de información, de comunicación y de entretenimiento. Si en un tiempo se cantaba Small is beautifull, ahora el estribillo de moda parece ser Think Big. La regulación no pone más trabas, las empresas se reagrupan para controlar a la vez a la producción de contenido y la distribución. De esta forma se aprecia una concentración más fuerte de la propiedad de los medios de producción de la información, de la cultura y de las redes de comunicaciones. El país se encamina hacia la creación de un mercado dominado por algunos grandes grupos multimedios internacionales, y algunos campeones nacionales, más pequeños pero igualmente en número reducido.

 

Para países de pequeña talla como Québec, o de la talla mediana como Canadá, ésta tendencia no va a soliviantar algunos problemas en lo que concierne a la diversidad de las fuentes de información y de producción cultural. La batalla por la manumisión sobre el grupo Vidéotron ilustra bien los dilemas que plantea la convergencia en pequeñas sociedades como Québec. Si la oferta de Rogers inquietó a quienes les preocupaba la migración del centro de control de Montreal a Toronto y la pérdida de influencia de los intereses de Québec, la compra de Quebecor, por la concentración de los medios de comunicación que ella realizó sobre el territorio de Québec, poco asegura a aquellos que estiman que la vida democrática exige la diversidad de las fuentes de información y de difusión.

 

¿Es válida para los pequeños países la alternativa que genera una cierta forma de mundialización económica, no regulada políticamente: monopolio (oligopolio) nacional de un lado, concurrencia extranjera del otro? ¿Hay lugar para preocuparse? Los beneficios de la integración de los servicios y de la concurrencia internacional que se promete a los consumidores ¿valen la pena como para que se asuman los riesgos?

 

Nuestros gobiernos, que se hacen los Heraldos de la diversidad cultural en los foros internacionales, deberían igualmente inclinarse sobre las medidas a tomar para asegurar el mantenimiento y la promoción a domicilio como en el mundo. ¿La primera de esas medidas no sería para suscitar un vasto debate público sobre la cuestión?

 

Referencias bibliográficas

 

CNW: http://www.cnw.ca/

 

Conseil de la radiodifusión et des tèlècommunications canadiennes (1995), Concurrence el culture sur l`autoroute de l`information. Gestion des rèalitès de transition, Travaux publics et Services gouvernementtaux Canada, No de catalogue BC92-53/1995, Ottawa: http://www.crtc.ca

 

Gouvernemet canadien (1996), Politique sur la convergence, disponible sur Internet à l´adresse suivante: http://strategis.ic.gc.ca

 

Lacroix, J-G. Et Tremblay, G (sous la direction de) (1995), Les autoroutes de l´information. Un produit de la convergence, Presses de l´Universitè du Québec, 555p.

 



[1] El presente artículo constituye una version actualizada de : Tremblay, G., “ Les entreprises d'information, de communication et de divertissement : à grands pas vers la convergence ”, Québec 2001. Annuaire politique, social, économique et culturel, Montréal, Fides,