|
Servicio público
en Canadá: vigencia de un “reservorio de calidad”
Por
Diego Rossi
Pocos se animan a cuestionar radicalmente al servicio público de radio y televisión actualmente brindado por la Canadian Broadcasting Corporation (CBC). Dado que buena parte de los recursos para su funcionamiento provienen de un impuesto anual específico abonado por los contribuyentes, se dice popularmente que “30 millones opinan” sobre la gestión de los medios públicos. Sin embargo, en una sociedad con relativo bienestar económico, alta tasa de utilización de innovaciones tecnológicas, y altos niveles de acceso universal a señales audiovisuales, la situación del servicio público y los debates sobre el destino de la CBC se orientan a cómo desarrollar una programación que sea reservorio de calidad y diversidad.
Entre jóvenes y adultos, anglo y francoparlantes, es decir entre los principales referentes de la multiculturalidad canadiense, la corporación pública de radio y televisión parece ser una institución “natural”, cuya programación debería respetar la diversidad en términos de lenguaje, patrones culturales, religiosos, étnicos y etarios [1] . Más allá de los ultraconservadores propietarios del Global News, no ha habido movimientos mediáticos, políticos o sociales que se hayan alzado en contra de la misión y las funciones esenciales de la CBC. El principal mandato de la CBC es “producción 100% canadiense”, y hacia allí van los fondos que financian ediciones nacionales y locales de noticias, programación variada de ficción y no ficción, más la transmisiones de la liga nacional de hockey sobre hielo, que permite subir el rating gracias a su masividad. Cabe señalar que, en cuestiones de audiencias, nunca la relación entre el share de la CBC y el de las emisoras privadas fue de un 50% para cada uno de los subsectores. Más bien, el desarrollo de una fuerte red pública de radios y televisoras (cobertura nacional de al menos dos señales de radio y dos de televisión, además de las emisoras comunitarias o locales), se ha producido a la par de un amplio desarrollo de la actividad privada-comercial, fogoneada por las producciones que a bajo costo desde los años ’30 permean la frontera con Estados Unidos. Al histórico problema de la protección de la producción cultural canadiense, y de la satisfacción del acceso universal a servicios audiovisuales en áreas poco pobladas, se le han sumado presiones de fuertes concentraciones en el sector gráfico, audiovisual y de telecomunicaciones (CTV + Global + otros periódicos, entre otros ejemplos), además de una situación altamente oligopólica en la distribución de la televisión por cable en todo el país. En tal sentido, si bien la autoridad regulatoria CRTC mantiene la prohibición de recepción directa de señales de TV satelital norteamericana, durante los últimos años han sido controvertidos los permisos para transmisión de señales vía TV cable, así como las decisiones sobre conformación de redes de propiedad de licencias de orden nacional, regional o locales.
Retomando algunas aproximaciones estadísticas sobre el consumo de medios canadiense que podrían ser preocupantes, del total de material disponible en inglés en las pantallas de TV canadienses, el 5% es producido por la Canadian Broadcasting Corporation, obteniendo esta programación un share del 9% de la audiencia [2] . Esta performance debe ser considerada en el marco de una superpoblación de señales en la TV de pago (la televisión por cable tiene una penetración de más del 90% de los hogares, y actualmente hay disponibles alrededor de 300 canales de TV digital por abono). Además, debe tenerse en cuenta que, por sobre la producción de las señales privadas del país, el 80% del material emitido en Canadá es de origen norteamericano. Al menos en Toronto, la ciudad con mayor crecimiento y población del país, el promedio de edad de la audiencia de la CBC se ubica un poco más arriba de los 45 años. Sin embargo, la gran mayoría de la población manifiesta que algún programa de la CBC llama a su interés [3] . Pareciera ser entonces que, excepto algunos segmentos específicos, y programaciones más o menos populares, la televisión y la radio pública, “son cosa de grandes”. Probablemente, la búsqueda de formas de incorporación del público juvenil sea uno de los puntos más débiles de los programadores de la CBC, y esto haya sido explotado por diversas iniciativas del sector privado.
Límites a la participación y a la diversidad en materia de producción
Para completar este somero panorama sobre el rol de la televisión pública canadiense, debe considerarse otra misión implícita derivada de la asignación de recursos al audiovisual: la capacitación y formación de productores, realizadores y demás trabajadores del sector. La CBC deviene en la práctica una “escuela pública profesional”, articulando con Universidades y centro de formación la inserción laboral de jóvenes que luego “derraman” hacia el subsector privado. Asimismo, la CBC marca parámetros de calidad en sus producciones que –se supone a modo de contrapeso- son seguidos por el subsector privado de medios canadienses. Sin embargo, se detectan rasgos burocráticos en la gestión del mega-ente, que no permitirían hablar de la integración de la población a través de modalidades participativas de gestión. Las distintas sedes de la CBC Radio y TV reciben las quejas y opiniones de su audiencia, y hasta tienen un Ombudsman propio que garantiza el nivel de retroacción [4] . Pero en la práctica, las decisiones sobre asignación de espacios y tiempos de producción en las grillas son centralizadas, sin ponerse en discusión con organismos colegiados y/o juntas asesoras.
Por otra parte, la CBC ha desarrollado escasos proyectos de coproducción o fomento a las realizaciones independientes (aún disponiendo de un importante National Film Board), lo cual marca limitaciones a la diversidad en materia de géneros, estilos y difusión del cine de autor canadiense. Finalmente, respecto de las emisoras locales de acceso comunitario (que no dependen de la CBC), si bien existen emisoras y señales de TV por cable locales diseminadas por poblaciones de todo el país, no se perciben importantes movimientos sociales enraizados en ellas. Más bien, como en el caso de Toronto, las licencias locales para la emisión de programación de lenguas no oficiales, oscilan entre un bazar multicultural de manifestaciones estéticas, y la utilización de programaciones extranjeras para cubrir nichos solventes de demanda de contenidos. Los escaparates y las góndolas mediáticas canadienses se encuentran rebosantes de productos para elegir: algunos de ellos aún llevan la tradicional y reconocida marca de calidad de la CBC. ¿Será suficiente ello para sostener un sistema democratizador de comunicaciones masivas?
Agradecimientos:
David Mac Intosh, profesor del Ontario College of Art and Design;
Dan Schwarz, productor del TV National News, Canadian Broadcasting
Corporation. [1] La “cuestión nacional” que atraviesa a la/s sociedad/es canadiense/s también está reflejada en la organización mediática: Radio Canadá Québec, que forma parte de la CBC ha sido uno de los principales focos del nacionalismo Quebecoise, y por supuesto sostiene el francofonismo en la región. Si bien existen criterios “canadienses”, las emisiones “nacionales” no siempre tienen alcance nacional, ya que son mediadas por la especificidad del idioma.
[2]
En Lorimer & Gasher: Mass Communication
in Canada, Oxford University Press, 2001, p. 141. Datos a 1997. [3] “Canadians like the CBC”: aún sin grandes audiencias, las opiniones sobre el servicio público serían altamente positivas. Según una encuesta de 1999, un 82% de la muestra opina que la CBC radio y TV está haciendo un buen trabajo; el 42% de las calificaciones sobre el servicio oscilan entre muy bueno y excelente; y más del 70% opinan que CBC Radio sirve a su comunidad mejor que cualquier otro broadcaster. En Lorimer & Gasher: op.cit., p. 173. [4] Ver los clásicos niveles de acceso y participación en Rossi, D: Precisiones sobre el acceso y la participación en los medios masivos, (mimeo) 2000, www.catedras.fsoc.uba.ar/mastrini.
|