Democratizar la comunicación: ¿por dónde empezar?

Por Mario Kaplún

Profesor de la Universidad de la República (Montevideo)

(Publicado en revista Brecha, Montevideo 20.12.04)

Hace ya mucho tiempo nuestro país optó, de hecho, por un sistema de medios de comunicación principalmente comercial. Digo “de hecho” porque nunca hubo una discusión seria sobre si preferíamos, por ejemplo, un sistema como el europeo, con una fuerte presencia del sector público en esta área (como la BBC inglesa o la RTF francesa). Por el contrario nuestro sistema público de medios de comunicación ha sido endémicamente débil.

Tampoco discutimos si nos parecía mejor que hubiera una presencia de actores distintos que las empresas comerciales, como ha abundado en América (del sur y del norte), con participación fuerte, por ejemplo, de universidades (como en Chile), organizaciones sociales y no gubernamentales (como en Bolivia). Más bien se ha optado por no autorizar pedidos de frecuencias de este tipo y perseguir a muchas de las que se instalaron.

Esta opción por los medios comerciales no fue acompañada por una política que asegurara la libre competencia en el sector, especialmente en radio y televisión. Aunque la defectuosa legislación vigente prevé límites en esta materia, su aplicación, aún más defectuosa, ha hecho que tengamos hoy uno de los sistemas de mayor concentración de medios en pocas manos. Esta situación oligopólica se ha visto empeorada por el uso discrecional de varios gobiernos en la adjudicación de frecuencias a amigos y partidarios y la utilización de la publicidad oficial como subsidio encubierto a algunos medios, discriminando a otros. Esto no niega que muchos medios comerciales desarrollan una tarea seria y responsable, pero la situación es, por lo menos, poco equitativa y transparente.

Así las cosas tenemos una democracia renga en materia de comunicación. Hay muchas voces e identidades sociales y culturales que no pueden expresarse o pueden hacerlo muy débilmente. Pero hay también muchos esfuerzos valiosos que piden cancha -y la abren- con limitados recursos y escasos apoyos, desde el cine nacional a la experiencia pionera de TV Ciudad, desde las radios comunitarias a los periodistas que mantienen su independencia en medio de la precarización laboral y las presiones cotidianas de patrones o gobiernos.

Es en este marco que, como hemos dicho desde la Unidad Temática de Medios de Comunicación del Frente Amplio, avanzar hacia una mayor democratización de la comunicación en el Uruguay pasa hoy, en nuestra opinión, por cuatro objetivos centrales: potenciar los actores público-estatales, limitar la concentración y estimular la calidad del sector privado-comercial, facilitar la emergencia y el fortalecimiento del sector social-comunitario y promover una participación creciente de la ciudadanía en estas cuestiones. En nuestros documentos hemos desarrollado estas ideas con detalle; aquí resumiré sólo algunas de las principales orientaciones y medidas que puede desarrollar el próximo gobierno en esta materia.

En primer lugar hay que levantar un sistema de medios de comunicación públicos de calidad, articulando niveles locales, sectoriales y nacionales. Un proyecto de este tipo debe tener una fuerte independencia profesional, alejada de todo oficialismo. Debe ser un espejo donde mirarnos y una ventana abierta a nuestra diversidad social y cultural, a la experimentación creativa, a las voces poco escuchadas y los rostros poco vistos. Usando los mejores recursos narrativos y técnicos y desterrando toda idea de que “educativo” equivale a aburrido. Todo esto puede hacerse combinando adecuadamente recursos presupuestales e ingresos por publicidad y estableciendo acuerdos con diversos actores públicos y privados de interés social e intercambios con operadores culturales nacionales y regionales.

También la comunicación gubernamental deberá elevar su calidad combatiendo la “cultura del secreto” hoy imperante, permitiendo y facilitando el acceso de los periodistas y los ciudadanos a toda información pública, desde un simple expediente a un balance. También activando las vías para que la ciudadanía pueda participar en los procesos de decisión de los temas que la afectan. Junto a esto habrá que hacer un uso cuidadoso de los gastos en publicidad estatal, que debe ser adjudicada con criterios técnicos de audiencia (y nunca como premio a los obsecuentes).

En el sector privado-comercial lo primero es empezar a cumplir de modo cabal la legislación vigente. Terminando por ejemplo con la compra y venta de frecuencias de radio, transparentando la situación de los grupos económicos que detentan varios medios, aplicando las normativas en materia de publicidad, abriendo a la libre competencia en la televisión para abonados, administrando el espectro radioeléctrico –patrimonio de la humanidad- con responsabilidad y transparencia. No se trata aquí de “barajar y dar de nuevo” de un día para otro, pero sí de avanzar hacia una situación más equilibrada y verdaderamente competitiva.

Por otro lado hay que avanzar también aquí en términos de calidad, pero nunca por la vía de censuras. En este sentido hay dos tipos de instrumentos útiles y viables. Uno es el de la autorregulación, al estilo del código de ética que en estos días acaban de acordar las cadenas españolas para el combate a la “telebasura” en horario infantil. Otro es el de las políticas activas de estímulo: premios y certificaciones a la calidad de programación, fondos concursables orientados a determinados temas o tipos de programación, mecanismos de apoyo a la producción local independiente (como el disminuido FONA, que habrá que revitalizar) y a su difusión a través de los medios, etc.

Respecto al sector social-comunitario lo primero será reconocer formalmente su existencia, regularizando en primer lugar a las radios comunitarias. Habrá que ser cuidadosos para que, bajo el rótulo de comunitario no terminen estableciéndose nuevos medios comerciales, pero sin que esto signifique restricciones discriminatorias (en materia de potencia o publicidad, por ejemplo). También hay que abrir y estimular la presencia de nuevos actores interesados –como las universidades- tanto en materia de radio como de televisión. En algunos casos todo esto puede requerir un reordenamiento del espectro radioeléctrico, algo perfectamente posible con los actuales equipos de transmisión y recepción.

En todos estos temas habrá que buscar formas de consulta con la ciudadanía y especialmente con los actores directamente involucrados en cada caso: trabajadores, productores, propietarios de medios, organizaciones de la sociedad civil, académicos, etc. Parece conveniente que algunos de estos mecanismos se consoliden, por ejemplo a través de uno o más consejos consultivos permanentes. Junto a ello habrá que impulsar también un plan de educación para la comunicación que atraviese todo el sistema de enseñanza y los ámbitos no formales, aprovechando la experiencia nacional y mundial en la materia que ha mostrado la importancia de educar críticamente la recepción y potenciar la capacidad de producción comunicacional de los ciudadanos.

No puedo aquí desarrollar otros temas como la formación de comunicadores, la extensión del acceso a Internet y sus usos, la necesidad de adelantarse a los cambios que implicarán la radio y televisión digital o los problemas vinculados a los derechos de propiedad intelectual. Tampoco adelantar los lineamientos de las reformas legislativas que habrá que impulsar para el mediano plazo. Lo que sí hay que subrayar es que poner en marcha este conjunto de orientaciones y medidas implica empezar a tener, de modo explícito –ya no “de hecho”- una política nacional de comunicación. Una verdadera política de estado, inserta en las políticas educativas y culturales y acorde con la sociedad de la información y el conocimiento en que estamos viviendo.

Esto requiere, también, contar con un organismo de propuesta y diseño de políticas con el que Uruguay no cuenta. Suprimida la Dirección de Comunicaciones del Ministerio de Defensa hoy tenemos una extraña situación en que la Ursec opera -a medias- en este terreno, el Ministerio de Educación y Cultura sigue teniendo –en parte- a los medios públicos bajo su control y el Presidente de la República, en acuerdo con el Ministro de Defensa, sigue siendo el único que puede hacer cosas tales como adjudicar frecuencias. Reordenar esta situación y darle consistencia institucional parece necesario para que el país empiece a tener, realmente, una política nacional de comunicación.

Un análisis de la programación de la televisión uruguaya

Por Alexandra Moreno Dans, especial para PNC

Consultora del Instituto para la Conectividad en las Américas (ICA)

Maestría en comunicación internacional de la Universidad de Quebec en Montreal.

Cómo es la televisión en el Uruguay: propiedad y breve reseña histórica

En el Uruguay, hay básicamente 4 canales de aire que se emiten en la capital, Montevideo, y llegan en mayor o menor medida a todo el país.  Existen tres canales privados (canales 4,10,12) y uno estatal (canal 5/ TeVeo). 

El primer canal comercial fue creado el 7 de diciembre de 1956 con el nombre de Saeta TV Canal 10.  El último canal en nacer fue el canal del Estado, el 19 de junio de 1963.  Es decir que en un lapso de 7 años, nació la televisión uruguaya que conocemos actualmente.

Si analizamos históricamente la génesis del canal 5, vemos que este canal no tuvo una vida fácil.  Las inversiones del Estado en su cadena de televisión han sido y siguen siendo netamente insuficientes y las inversiones publicitarias, casi inexistentes. La falta de inversión se traduce en una calidad técnica que no puede compararse a la de las cadenas privadas. Esto puede explicar, en cierta medida, el hecho que el canal 5 sea el de menor audiencia en Montevideo. Sin embargo,  se puede apreciar que la calidad en términos culturales o de interés colectivo de este canal, es superior al de los canales privados que se mueven casi exclusivamente para la conquista de audiencias para obtener publicidad.

En lo que atañe al sector privado audiovisual, debemos subrayar que tres grandes grupos controlan la mayor parte de los medios de masa en el Uruguay.  Esos grupos corresponden a tres familias con influencia: el grupo Romay Salvo, el grupo Scheck y el grupo De Feo-Fontaina.  Estas familias son propietarias de los tres canales privados, de la ex mayor compañía de cable en el país: Equital (1), de varias radios de Montevideo y de canales de televisión en el Interior del país.

Producción local y contenido de los cinco canales

Aunque la producción local haya aumentado en estos últimos años, la situación general sigue siendo preocupante.  Según un análisis de contenido que hemos realizado en el 2004 sobre todos los canales de aire uruguayos, notamos que en el canal 4 el 63% de la programación es de origen extranjero (31 programas sobre un total de 49), en el 10, el 42% (21 sobre 49), en el canal 12, el 67% (29 sobre 43).  El canal 5 es el que ofrece menor cantidad de programas extranjeros con el 25% de su programación (28 sobre 109). (2)

La situación es sensiblemente la misma que hace 13 años, cuando se realizó un estudio exhaustivo del contenido de los canales y la importación de bienes simbólicos extranjeros (1992). (3)

En la opinión de Mario Kaplún, profesor e investigador uruguayo, no podemos calificar a la televisión uruguaya como industria cultural.  En referencia a la palabra “industria”, Kaplún sostiene que la televisión en este país funciona más como un circuito exhibicionista de bienes simbólicos importados que como una industria nacional: “Lo cierto es que, en lo que atañe a la ocupación del espacio audiovisual masivo, configuramos un país satélite y dependiente”. (4) En cuanto a la palabra “cultural”, Kaplún afirma que si los textos clásicos sobre comunicaciones subrayan que todo medio de masa debe intentar encontrar un equilibrio entre los tres contenidos (información, educación y entretenimiento), la televisión privada uruguaya  no puede responder a las verdaderas necesidades culturales de la población en cuanto destina un tiempo excesivo a programas de entretenimiento en detrimento de toda programación informativa y educativa.

En nuestro análisis, vemos que, aún hoy,  se dedica relativamente poco tiempo a programas de información en general (informativos, noticiosos, de actualidad o de entrevistas).

Los programas noticiosos

En los canales privados, en el año 2004,  la totalidad de los programas noticiosos eran noticieros diarios (en sus diferentes ediciones).  En el canal estatal, se encuentran otros tipos de programas noticiosos.  En el 5, habían seis programas noticiosos por semana (5,5% del total de la programación), en el 4, habían cinco (lo que representa el 10%), en el 10, tres (6% del total de los programas) y en el 12, cinco (el 11,6% de la programación). (5)

A pesar de ser el canal que menos contenido informativo ofrece sobre el total de su programación, el canal estatal ofrece otro tipo de programas de información y no únicamente noticieros diarios como los canales privados (el canal 5 ofrece cuatro programas de información otros que noticieros diarios).

En un cuadro realizado por Equipos Mori en noviembre del 2004 (“Evolución histórica de la participación de audiencia por canal en Montevideo”), se observa que, a pesar de ser el canal que siempre ha ofrecido más contenido informativo en su programación, el canal estatal obtiene históricamente mucha menor audiencia que los canales privados. (6)

Contenido de los noticieros diarios.

Las familias dueñas de los canales privados capitalinos han mantenido siempre una complicidad con el poder establecido que es conocida por todos.  En el Uruguay existen básicamente tres agrupaciones políticas: el partido Colorado (que ha estado al poder en la mayor parte de la historia de nuestro país), el partido Blanco y la coalición de izquierda, Frente Amplio.  Los dos primeros partidos son los partidos llamados “tradicionales”, el Frente Amplio llega por primera vez al poder el 1ro de Marzo del 2005. 

Los dos presentadores de los noticieros centrales de los canales 10 y 4, consideran que las afiliaciones políticas de los canales de televisión tienen un impacto sobre los mensajes difundidos (7). Según uno de ellos, la elección de la programación y la importancia otorgada a los diferentes mensajes ilustran claramente el impacto de la dirección del canal.   El otro periodista afirma haber sentido presiones durante las elecciones presidenciales de 1999 para presentar en mayor grado la propuesta de los partidos tradicionales.  De hecho, muchos ciudadanos se quejaron de la poca exposición del líder del partido de izquierda (Tabaré Vázquez) durante la campaña presidencial de 1999 en los canales privados.  Se habló de manipulación informativa y de desinformación. 

Los únicos programas noticiosos que podían ser controversiales, nunca duraron mucho tiempo en ondas o nunca fueran presentados en los canales de aire.  Estamos hablando del programa argentino Caiga quien caiga, que luego de pocas semanas en ondas, fue retirado del canal donde se emitía por haber criticado al Presidente de la República (entonces Jorge Batlle, del Partido Colorado).  El otro programa es el presentado por un periodista argentino, Jorge Lanata, conocido por su discurso anticonformista y crítico hacia la clase dirigente en su país.   Este periodista fue contratado por un canal, llamado Canal Plural, que ofrecía gratuitamente la señal al monopolio de la televisión privada y por cable de la capital sin nunca conseguir poder presentar su contenido en ningún canal de los cables en manos de las tres familias ya mencionadas (8).  Esto muestra que el contenido de los canales privados de Montevideo, sigue una línea de conducta que no contradice el discurso de los partidos en el poder (hasta este año, siempre “partidos tradicionales”).

En el 5, la historia es diferente.  El canal estatal tuvo que luchar muchos años para poder presentar material noticioso en sus ondas.   Entre 1964 y 1985, el gobierno quiso presentar un contenido más competitivo reclutando periodistas de envergadura, pero los canales privados se opusieron a esto considerando inconstitucional y de competencia desleal el hecho que el canal estatal presente material de información.  La batalla jurídica oponiendo los 3 canales privados al canal estatal fue ganada  por aquellos.  Roque Faraone, profesor e investigador uruguayo nos dice al respecto:

“¿Qué el canal oficial no debe informar sobre política  y sociedad? ¿Qué no será entonces un canal plural? Si el canal estatal que es el canal de la comunidad no lo hace, ¿a quién se le deja las manos libres y la audiencia en este campo tan importante, tan fundamental? La respuesta es obvia.  Ese es el problema de fondo” (9)

Si en la actualidad, el canal 5 tiene su propio informativo (10) y presenta programas noticiosos, es porque estos son producidos por una productora externa y no por el propio canal.  De esta manera, y por un tema legal, los canales privados no podrán alegar que el canal estatal produce material noticioso otro que el noticiero diario.

Conclusión

Ya no es asombroso o innovador decir que la televisión uruguaya no representa a importantes sectores de la sociedad, que está sometida a presiones políticas, que la televisión de aire y por cable pertenece a un oligopolio formado por tres grandes familias, que el sistema comunicacional uruguayo entero necesita una reforma de fondo.  Lo que si debemos subrayar es que se pueden proponer soluciones viables de recambio y que debemos de una vez luchar contra los muchos mitos que obstaculizan el cambio.  

¿Qué los Uruguayos no consumen productos nacionales? A pesar de ser destinado a fracasar según muchos, Tevé Ciudad, un canal comunitario presentado por cable desde 1996 y que muestra casi exclusivamente contenido montevideano, sigue exitosamente en el aire.

 ¿Qué la inversión no es rentable en un país de 3 millones de habitantes? La promoción de una industria que produzca contenido que no sea únicamente destinado al mercado nacional, puede ser rentable a pesar de un país de 3 millones de habitantes. Vemos por ejemplo el caso de muchos países latinoamericanos que se lanzaron en la producción de productos televisivos de calidad destinados a su mercado local pero también al mercado internacional (Colombia que siempre se mostró discreta en el mercado internacional de productos simbólicos, conoce estos últimos años un éxito mayor con sus novelas: Las Juanas y Betty la Fea fueron vistos por millones de latinoamericanos). Por otra parte, la rentabilidad no puede ser la razón principal que sostiene el statu-quo de una televisión mediocre que no representa a su sociedad civil.

¿Qué no se puede hacer nada contra un sistema que ha sido constituido de esa manera hace muchos años? En primer lugar, la televisión uruguaya es relativamente joven y, en segundo lugar, las concesiones otorgadas a las tres familias “dueñas” de la televisión en nuestro país, son revocables.  Si realmente se tiene la voluntad de reformar la televisión uruguaya, se debe legislar sobre su funcionamiento y su contenido  y someter los canales y compañías de cable a un conjunto de reglas.  La idea de imponerles un impuesto para financiar la producción nacional o incluso la creación de canales comunitarios, no es tan excéntrica y ha sido considerada por varios investigadores en el extranjero.

Solo nos queda esperar y ver si el cambio político histórico vivido por el Uruguay este año, se traduce también por un cambio histórico en el funcionamiento del sistema televisual uruguayo.  Aunque a menos de un mes de la asunción del presidente de izquierda, Tabaré Vázquez, sea muy temprano para realizar este tipo de evaluación, se pueden apreciar algunos indicios positivos en la nueva programación de uno de los canales privados capitalinos (ver nota 8).

Notas y Referencias:

(1)   Equital funcionó durante casi 10 años reagrupando cuatro compañías (Nuevo Siglo, Montecable, TCC y Multiseñal) que la gran mayoría de los uruguayos percibían como diferentes, ignorando la misma existencia de Equital.  Esta tenía un presidente, un vice-presidente y un secretario, cada uno representando un canal privado capitalino.  Los propietarios de los tres canales privados se alternaban para ocupar periódicamente esos puestos.  Aunque recientes desacuerdos entre las tres familias provocaron la disolución de Equital, las cuatro compañías de cable siguen sus actividades y no cambiaron de nombre.

(2)   Datos basados en el análisis realizado en una semana del mes de Abril del 2004.

(3)   Barrlos-Lémez, Alvaro, “TV Montevideo: Análisis global de programación, julio 1992), Temas de Comunicación, Montevideo, Licenciatura de ciencias de la comunicación de la Universidad de la República, septiembre 1992.

(4)   Kaplún, Mario, “TV Uruguay: Agenda para un debate necesario”, Temas de comunicación, Montevideo, Licenciatura de ciencias de la comunicación de la Universidad de la República, septiembre 1992.

(5)   Datos basados en el análisis realizado en una semana del mes de Abril del 2004.

(6)   Alberto González, Tendencias de la audiencia de la televisión en el Uruguay, Equipos Mori, Noviembre 2004, página 7. 

Disponible en línea:

http://www.equipos.com.uy/paginas/actividades/curso_medios/Clase%204%20Tendencias%20de%20la%20audiencia%20de%20TV_AGR.pdf

(7)   Entrevistas realizadas en diciembre del año 2000 para la realización de la tesis de maestría (De la Démocratie et du pluralisme en Uruguay. Analyse du fonctionnement de la télévision uruguayenne et de son traitement des élections présidentielles de 1999. Université du Québec à Montréal).

(8)   A partir del mes de Marzo de 2005, el canal 12 presenta un programa del periodista Jorge Lanata además de otro programa informativo que se elaboró en tiempos de elecciones y que sigue, al mes de Marzo de 2005,  emitiendo contenido noticioso.  Cabe preguntarse si ese sorprendente cambio introducido en la programación de un canal privado uruguayo no se debe a la asunción al poder de un presidente de izquierda.

(9)   Faraone, Roque, Estado y TV en el Uruguay, Montevideo, Fundación de cultura universitaria, 1989, página 441.

Es preciso subrayar que el informativo del canal estatal es presentado unas horas más tarde que los informativos de los canales privados con el propósito de evitar cualquier tipo de competencia.